De nuevo el primer fin de semana de agosto asistimos toda la familia a la cita de Nogaro (Francia), en el circuito Paul Armagnac . Asistimos con la baga ilusión de poder rodar aunque finalmente no pudo ser. Esto del sidecar es una droga, y de las duras. Una vez lo has probado ya no lo puedes dejar. Para quien no conozca las Journées Coyote he de decir que es una prueba de amor...a la moto. Sí, sí; sonará ridículo pero es cierto. Ver esas clásicas deportivas exquisitamente mimadas, pasearse por todo el padock libremente hasta el último rincón y disfrutar de un ambiente inigualable no tiene precio. Y nunca mejor dicho porque el acceso es gratuito. Pero es que además, este evento organizado por el motoclub TERCA, exprime al máximo el alquiler del circuito de tal forma que tanto el sábado como el domingo se suceden ininterrumpidamente, tandas de sides con chasis modernos, motocicletas clásicas de competición distribuidas en varias categorías y tandas de sidecares clásicos.
Pero Nogaro y Coyote es algo más que unas tandas de circuito. Las motos que ves en el parquing del circuito y por todo el pueblo, dificilmente las veras por la calle. Son motos con un valor añadido ya sea por su antigüedad, estética o preparación. Este año solo por citar un ejemplo, he visto una Ducati Diavel, una Laverda Ghost, dos Suzuki RGV 500 preciosas, una Victory, una Suzuki Hayabusa con sidecar con tracción en la rueda delantera de la motocicleta, etc, etc, etc.
Y como colofón a esta experiéncia, contar con la compañía y sentirme uno más del grupo de los sidecaristas Leandro/Rosa y Edy/Oscar. Ellos son la punta de lanza del sidecarismo de competición en territorio francés. Ellos son los culpables de que, pobres memos como yo, acudamos a las gradas del circuito, jadeantes y embargados de emoción. Y como sigamos a este ritmo, embargados vamos a estarlo pronto, pero por el banco. Esto es una afición cara. ¡Y me lo estoy mirando desde la grada! El día que tenga un side de competición va a arder Troya.
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